El enigma de la mancha fría del Atlántico y por qué podría ser la causa de la ola de calor europea

Un estudio advierte sobre la persistencia de esa región anómala y muestra cómo el mar también impacta en las alteraciones climáticas

Mientras Europa occidental atraviesa una de las olas de calor más intensas registradas para esta época del año, con temperaturas que en ciudades como París, Londres y Madrid han superado los 40 °C, un fenómeno oceánico viene acaparando la atención de la comunidad científica internacional. Se trata de la llamada «mancha fría del Atlántico Norte»: una extensa zona al sur de Groenlandia e Islandia que, en lugar de calentarse como el resto del planeta, se está enfriando de forma persistente. Lejos de ser una buena noticia, los investigadores advierten que este fenómeno podría ser justamente el mecanismo que está intensificando las olas de calor en el continente europeo.

Un punto frío en un mundo que se calienta

En las últimas décadas, el océano global ha absorbido más del 90 % del calor adicional generado por el cambio climático. Sin embargo, en el Atlántico Norte, al sur de Groenlandia, las temperaturas superficiales del mar han caído entre 1 y 2 °C por debajo del promedio histórico. Esta anomalía, que los científicos denominan «mancha fría», ya había sido observada antes, pero nuevos estudios publicados en junio de 2026 confirman que no solo persiste, sino que se ha acentuado en los últimos años.

De acuerdo con una investigación difundida por la NASA y diversos centros climáticos europeos, la mancha fría sería la manifestación superficial de un problema mucho más profundo: el debilitamiento de la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico (AMOC, por sus siglas en inglés), el gran sistema de corrientes oceánicas que transporta calor desde los trópicos hacia el hemisferio norte.

El papel de la AMOC en el clima europeo

La AMOC funciona como una enorme cinta transportadora oceánica. Las aguas cálidas y saladas del trópico viajan hacia el norte, donde se enfrían, se vuelven más densas y se hunden en las profundidades cerca de Groenlandia, liberando calor a la atmósfera. Ese proceso es el que tradicionalmente ha suavizado los inviernos europeos y mantenido cierto equilibrio climático. Sin embargo, el aumento del deshielo en Groenlandia está vertiendo enormes cantidades de agua dulce y fría al Atlántico Norte, alterando la densidad del agua y ralentizando el hundimiento que impulsa toda la circulación.

El estudio publicado en junio de 2026, liderado por investigadores del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático (PIK), señala que la AMOC se encuentra en su punto más débil de los últimos 1.600 años y que la mancha fría es la huella directa de ese debilitamiento. Al llegar menos calor desde los trópicos, esa región del océano se enfría, mientras que el calor que debería haber llegado allí queda atrapado en latitudes más bajas, alterando los patrones atmosféricos.

Del mar frío al aire ardiente

La conexión entre la mancha fría y las olas de calor europeas no es inmediata, pero los científicos han comenzado a trazar el vínculo. Cuando la AMOC se debilita, la distribución de las temperaturas oceánicas se desequilibra: el Atlántico subtropical se calienta más de lo normal mientras que el subpolar se enfría. Esta configuración térmica altera la corriente en chorro (jet stream), la corriente de aire que circula a gran altitud y que suele mantener separadas las masas de aire frío y cálido.

Con la corriente en chorro debilitada y más ondulante, se forman bloqueos atmosféricos que mantienen sistemas de alta presión estacionados sobre Europa durante semanas. Estos «domos de calor» atrapan el aire caliente, impiden la llegada de frentes fríos y disparan las temperaturas hasta niveles extremos. El estudio estima que las olas de calor que afectaron a Europa en 2022, 2023 y ahora en 2026 fueron entre 2 y 3 °C más intensas debido a esta reconfiguración oceánica.

«Lo que ocurre en el Atlántico Norte no es una curiosidad científica menor. Es un termostato roto que está reconfigurando el clima de todo el hemisferio norte», advirtió en rueda de prensa la doctora Hannah Kleeman, oceanógrafa del PIK y autora principal del estudio.

Un riesgo global con consecuencias inmediatas

Si el debilitamiento de la AMOC continúa al ritmo actual, las proyecciones no son alentadoras. Para finales de siglo, algunos modelos sugieren que el sistema podría alcanzar un punto de inflexión a partir del cual colapsaría de forma irreversible. Un colapso de la AMOC tendría consecuencias catastróficas: mares más altos en la costa atlántica de América del Norte, un enfriamiento drástico de Europa del Norte (lo que los climatólogos llaman una «edad de hielo regional»), alteraciones masivas de los monzones tropicales y, paradójicamente, olas de calor aún más extremas en el sur de Europa.

Mientras tanto, la ola de calor de junio de 2026 la segunda más intensa registrada en Europa Occidental ya ha dejado decenas de víctimas, ha disparado la demanda eléctrica por el uso masivo de aire acondicionado y ha provocado incendios forestales en Francia, España y Portugal. Francia activó esta semana el nivel rojo de alerta meteorológica en doce departamentos, y el gobierno español habilitó un fondo de emergencia de 500 millones de euros.

Los científicos insisten en que la mancha fría no es la única causa de las olas de calor, pero sí un factor amplificador. «El cambio climático global es el combustible, y la reconfiguración del Atlántico Norte es el soplador que aviva el fuego», sintetizó Kleeman. La pregunta que queda abierta es cuánto tiempo más podrá el sistema climático absorber estas tensiones antes de que el «termostato» se rompa definitivamente. #DesequilibrioClimáticoMundial

COMENTARIOS

Los comentarios están cerrados.