Tiene 80 años, su marido padece párkinson y tomó la decisión más valiente de su vida: “Yo me voy con él”
Se conocieron entre motos, bailes de club y festivales folclóricos en Zárate. Él la siguió hasta conquistarla; ella lo acompaña hoy en un geriátrico para no dejarlo solo. En la semana de San Valentín, una historia que demuestra que el amor no se jubila: se transforma y resiste.
En el marco de la Semana de San Valentín, llega una historia que pone en relieve la profundidad de un compromiso que trasciende la juventud y las circunstancias. Una mujer de 80 años decidió acompañar a su esposo, quien padece párkinson, y desde entonces no se separan. La pareja se había conocido entre motos, bailes de club y festivales folclóricos en Zárate, y él la persiguió hasta conquistarla. Hoy, ella lo sigue en un geriátrico para no dejarlo solo.
La decisión de vivir juntos, incluso frente a una enfermedad que altera el movimiento y la rutina, refleja una visión del amor como una alianza cotidiana más allá de la afectación física. Testimonios cercanos señalan que la pareja encontró en la comunidad local un sostén mutuo: vecinos, familiares y personal del geriátrico observan con admiración cómo cada día se organizan para compartir tareas, visitas y momentos de cercanía.
El párkinson es una enfermedad neurodegenerativa que exige cuidados constantes y adaptaciones en la vida diaria. Historias como la de esta mujer destacan la importancia de redes de apoyo, recursos de cuidado a largo plazo y sensibilidad hacia las decisiones individuales en la vejez. Expertos señalan que la calidad de vida de las personas mayores puede verse significativamente afectada por la presencia de una pareja que acompaña y participa activamente en el cuidado.
Quienes conocen a la pareja describen una relación basada en gestos simples pero profundos: la sonrisa que se intercambian, las visitas recíprocas al geriátrico, y la confianza de que, pese a las limitaciones, no están solos. Este relato busca recordar que el amor puede adaptarse y continuar, incluso cuando la salud cambia el paisaje de la convivencia.
En una época en la que la vida nocturna y las etapas de la juventud suelen acaparar la atención mediática, esta historia celebra una verdad: el amor no se jubila; se transforma y resiste. A través de la dedicación diaria, la pareja demuestra que la compañía mutua puede convertirse en una forma de cuidado, esperanza y dignidad en la vejez. Si bien la información personal se mantiene con el debido consentimiento, el relato invita a reflexionar sobre las formas en que las comunidades y las familias pueden sostener a quienes eligen caminar juntos, incluso cuando la enfermedad impone sus ritmos. #VerdaderoSanValentín


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