Solo quedan 8 en el mundo: la impactante historia del Puente Transbordador Nicolás Avellaneda

Inaugurado en 1914, estuvo seis décadas apagado hasta que volvió a moverse en 2020, reconectando La Boca e Isla Maciel en un viaje gratuito de apenas tres minutos y más de un siglo de memoria obrera.

A 112 años de su inauguración, el Puente Transbordador Nicolás Avellaneda sigue en pie como un milagro de hierro sobre el Riachuelo. Es uno de los ocho únicos puentes transbordadores que aún existen en el mundo y el único en funcionamiento en toda América, una rareza de la ingeniería que durante seis décadas permaneció mudo, oxidado y casi condenado al desguace, hasta que una restauración integral le devolvió la vida.

La historia de esta mole de 52 metros de altura equivalente a un edificio de 17 pisos comienza en 1908, cuando el auge portuario e industrial del sur de Buenos Aires exigía una conexión directa entre La Boca y la Isla Maciel, en Dock Sud. Miles de trabajadores cruzaban el Riachuelo cada día en botes precarios. La solución fue un puente transbordador: en lugar de tener un tablero fijo que bloqueara el tránsito de los barcos, una barquilla colgante de 12 metros de largo transportaba peatones y vehículos de una orilla a la otra en apenas tres minutos.

El 4 de mayo de 1914, en un contexto de prosperidad que festejaba el Centenario de la Revolución de Mayo, el presidente Roque Sáenz Peña inauguró la obra. La estructura de hierro pudelado el mismo material de la Torre Eiffel se sostiene sobre ocho cilindros de hormigón de 4 metros de diámetro que penetran 24 metros en el lecho del río. En su apogeo, llegó a transportar 17.000 personas por día 2.

Pero el progreso trajo su propia condena: en 1960, la inauguración del nuevo Puente Nicolás Avellaneda un coloso de hormigón de 1.600 metros con tramo levadizo dejó al viejo transbordador sin función. El tráfico vehicular migró al puente nuevo y la barquilla se detuvo para siempre. Durante casi seis décadas, el gigante de hierro quedó inmóvil, desafiando al óxido y al olvido, convertido en una silueta fantasma sobre las aguas turbias del Riachuelo.

En la década de 1990, estuvo a punto de ser desguazado. Pero la presión de vecinos, historiadores y organizaciones barriales logró frenar su destrucción. En 1997 se anunciaron planes de restauración por 1,2 millones de dólares, aunque las obras recién se concretaron dos décadas después 9. En 2017, tras una puesta en valor integral que incluyó el reemplazo de piezas originales y el tratamiento anticorrosivo de toda la estructura, el puente fue declarado Monumento Histórico Nacional.

Sin embargo, el verdadero regreso ocurrió en 2020. Contra todo pronóstico y en medio de un año convulsionado, la barquilla volvió a moverse. Desde entonces, los viernes y sábados de 10 a 16 horas, el transbordador ofrece un viaje gratuito para hasta 25 pasajeros que cruzan de La Boca a la Isla Maciel en un trayecto de tres minutos 4. Es, para muchos, un viaje al pasado: una travesía que evoca el rugido de las fábricas, la memoria de los obreros del puerto y la época dorada del Riachuelo navegable.

Hoy, el Puente Transbordador Nicolás Avellaneda no es solo una atracción turística. Es un testigo de hierro de la historia argentina, un sobreviviente entre ocho en todo el planeta y el símbolo de un barrio que se niega a olvidar de dónde viene. #ElPuenteColganteÚnicoEnArgentina

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