El religioso en la mira tras otra prueba que lo comprometen de tener sexo con otra persona

El sacerdote Walter Bustos está con prisión preventiva. Capturas de 45 llamadas perdidas. Y fotos, de un «chupón» o las de su comunión, llorando por la culpa. 

«Cómo quiero a este hombre (…). Dios lo puso en mi camino y le agradezco por hacerlo. Esta sí es una persona que se preocupa por mí. Gracias por todo», posteó el 16 de septiembre de 2017, junto con las 27 llamadas perdidas del padre Walter Bustos durante la madrugada, la última a las 6,44. Le pareció extraño y lo atribuyó al acercamiento que tenían, pues él le había contado las cosas que no lo tenían bien, como sus encuentros sexuales con hombres mayores (él tenía 15 años); las burlas sufridas en la primaria y la secundaria por un problema de salud que padecía; lo rebelde que se sentía. Sin saber por qué, hizo una captura de pantalla de esas llamadas.

A los días, todo se aclaró. El sacerdote -dijo- lo llamó a las 3.30, entresemana, lo notó ebrio. Apenas entró a la casa parroquial, lo abrazó, lo besó, lo llevó a una habitación donde le practicó sexo oral «durante media hora». Y aunque quisieron, no pudieron tener sexo por los nervios del chico. «En todo momento me pidió que no dijera nada», relató.

El 1 de octubre de aquel año, a las 00.30, volvió a llamarlo. Sabía para qué. Apenas llegó, otra vez hubo besos y un «chupón» en el cuello. Otra vez sexo oral y un nuevo frustrado intento de accederlo en un sillón, reveló. Cuando llegó a su casa se vio el «chupón» y se hizo una foto, exactamente a las 2,02.

Un mes antes de hacer la comunión y la confirmación -precisó- no estaba bien y no quiso confesarse con Bustos, pero este lo interceptó cuando fue a hacerlo, lo absolvió de todos los pecados, excepto el que compartían. Sobre ese punto, le aconsejó que no lo hiciera en San Juan porque le pedirían nombres y que se fuera a San Luis o Mendoza. Hasta ofreció pagarle el pasaje, indicó. El 4 de noviembre recibió los sacramentos, pero lloró durante la ceremonia y todo el día, por la culpa que sentía. En las fotos -dijo- sale llorando. El 16 de diciembre registró otras 18 llamadas, la última a las 3,38 (también tiene capturas).

El 24 de febrero de 2018, de vacaciones en San Luis, le confesó todo a otro sacerdote. Pero antes le llamó a Bustos y este le aconsejó decir que tuvo relaciones con un religioso «sin decir nombres». Así lo hizo.

Cuando estalló el escándalo de las denuncias por abuso de tres hermanos que terminaron con Bustos en prisión el 28 de agosto de 2018 (ahora lo juzgan por los ataques a dos de ellos), se confesó otra vez en Valle Fértil. Pero el párroco le exigió contar todo ante su madre, ante él y ante un seminarista. Y luego, otra vez por escrito (escribieron cuatro hojas) ante otro religioso «abogado». Firmó y juró ante la Biblia -dijo- que nunca hablarían con nadie del tema. Le prometieron un psicólogo, pero nunca lo asistieron.

«(Denuncié) porque leí que decían que podría ser mentira lo que estos chicos denunciaron. Esto me removió lo que viví y sé que no están mintiendo», dijo en su denuncia en el CAVIG, donde aportó las pruebas de sus dichos.

Fuente: Diario de Cuyo

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