Con ruedas desinfladas y frenos gastados, pero nunca falla: Don Julio, el héroe en bicicleta que mantiene vivo a Jáchal
Cada sábado, con su bicicleta clásica de ruedas desinfladas y pocos frenos, recorre las calles para que el diario nunca falte. Es sacrificio puro y amor al trabajo en tiempos en que su oficio casi desapareció.
Si hablamos de sacrificio, hablemos de Don Julio.
Hoy sábado me lo crucé como tantas veces: con su bicicleta clásica, esa de cuadro pesado y de otra época, con las ruedas medias desinfladas y con pocos frenos, pero con la responsabilidad de siempre —llegar a todos lados.
Es el canillita que queda en mi Jáchal. El último. El que se niega a que el oficio muera.
Háblame de amor al laburo. Mientras muchos duermen, él ya pedaleó. Con frío en invierno, con el sol quemando en verano, con viento zonda o con lluvia, Don Julio sale. Porque sabe que del otro lado hay un vecino que lo espera, un kiosco, una casa, un lector fiel que todavía quiere oler la tinta del papel.
Su bici lo dice todo. No es nueva, no es de marca, no tiene cambios ni canasto cromado. Tiene años, como él. Tiene parches, tiene historia. Las gomas piden aire, los frenos piden taller, pero a él le sobra lo que a la bici le falta: voluntad.
Gracias Don Julio por permitirme sacarle una fotografía le dije. Y por demostrar que todavía, el que quiere, puede.
Y sonrió. Esa sonrisa de los hombres buenos del interior, de los que no se quejan. De los que aprendieron que el trabajo dignifica, aunque cueste, aunque duela en las piernas y en la espalda.
En Jáchal todos lo conocen. No necesita apellido para ser reconocido. Es “Don Julio, el diariero”. El que trae las noticias, pero también el saludo, la charla corta, el “buen día, ¿cómo anda la familia?”. En tiempos de celulares y redes, él sigue repartiendo algo más que diarios: reparte presencia, costumbre, comunidad.
Los canillitas fueron alguna vez el corazón de cada pueblo. Gritaban los titulares en las esquinas, corrían con el diario bajo el brazo. Hoy quedan pocos. En las grandes ciudades fueron reemplazados por puestos cerrados y por la lectura digital. En Jáchal, resiste Don Julio.
Por eso esta no es solo una foto de un sábado. Es un homenaje.
A los que madrugan. A los que pedalean con lo que tienen. A los que cumplen aunque cueste. A los que nos enseñan, sin discursos, que el sacrificio todavía existe y que el amor al trabajo no se compra ni se jubila.
Gracias, Don Julio. Que Jáchal nunca se quede sin tu campanita y sin tu bici guerrera.
Fuente: Colaborador Ciudadano


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