La Noche de los Lápices: qué hay detrás del relato sobre el boleto estudiantil y la militancia de los jóvenes
A 50 años de los secuestros de estudiantes secundarios en La Plata, el episodio continúa generando debates sobre el papel de la militancia política, el reclamo por el boleto estudiantil y la construcción de la memoria histórica sobre la última dictadura.
La Noche de los Lápices se convirtió en uno de los episodios más conocidos de la represión ejercida durante la última dictadura militar argentina. Entre el 8 y el 21 de septiembre de 1976, diez estudiantes secundarios de La Plata fueron secuestrados por fuerzas de seguridad. Seis continúan desaparecidos y cuatro sobrevivieron: Pablo Díaz, Emilce Moler, Gustavo Calotti y Patricia Miranda.
El caso quedó asociado durante décadas al reclamo por el Boleto Estudiantil Secundario (BES). Sin embargo, los propios testimonios de sobrevivientes y distintas reconstrucciones históricas permiten incorporar otro elemento fundamental: varios de los jóvenes tenían militancia política en organizaciones estudiantiles vinculadas a corrientes revolucionarias de la época.
La mayoría pertenecía a la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), agrupación vinculada al peronismo de izquierda, mientras que otros militaban en la Juventud Guevarista, relacionada con el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Estas organizaciones formaban parte del complejo escenario político de los años 70.
El reclamo por el boleto ocurrió un año antes
Uno de los puntos centrales para comprender la discusión histórica es la fecha del reclamo estudiantil.
Las movilizaciones por el Boleto Estudiantil Secundario se desarrollaron principalmente durante 1975, cuando estudiantes de La Plata reclamaron un descuento en el transporte público. La demanda obtuvo respuesta y el boleto fue implementado ese año.
Los secuestros de los estudiantes ocurrieron en septiembre de 1976, después del golpe de Estado del 24 de marzo.
Por ese motivo, distintos sobrevivientes cuestionaron con el paso del tiempo la explicación que reducía los secuestros exclusivamente a aquella protesta.
Emilce Moler, una de las sobrevivientes, sostuvo en distintas entrevistas que el boleto estudiantil había quedado instalado como la explicación predominante, pero que ella y otros compañeros fueron perseguidos fundamentalmente por su militancia política. En una entrevista publicada por Página/12 en 1998, se recuerda que Moler tenía 17 años cuando fue secuestrada y que militaba en la UES.
La propia documentación pública de Moler reúne testimonios en los que explica que la militancia y la organización estudiantil fueron dimensiones centrales de aquella historia.
Pablo Díaz y la militancia política
Pablo Díaz, uno de los cuatro sobrevivientes, tuvo posteriormente un papel central en la difusión del caso. Su testimonio contribuyó a que la historia adquiriera enorme repercusión pública y fue incorporado al proceso de reconstrucción judicial de los crímenes de la dictadura.
Díaz había participado de organizaciones estudiantiles y, según distintas reconstrucciones históricas, tuvo militancia en la Juventud Guevarista. Fuentes institucionales señalan que la mayoría de los jóvenes pertenecía a la UES y que otros estaban vinculados con la Juventud Guevarista.
La existencia de esa militancia, sin embargo, no modifica el hecho histórico fundamental de que los estudiantes fueron víctimas de un operativo represivo llevado adelante por fuerzas estatales durante la dictadura.
No fueron solo “los estudiantes del boleto”
La discusión sobre la Noche de los Lápices se concentra precisamente en cómo se construyó el relato posterior.
La película “La Noche de los Lápices”, dirigida por Héctor Olivera y estrenada en 1986, tuvo un papel determinante en la popularización de una interpretación centrada en los estudiantes y el reclamo por el boleto.
Con el paso de los años, distintos sobrevivientes comenzaron a aportar otros elementos sobre aquella experiencia: la militancia política, la organización estudiantil, la persecución de jóvenes vinculados a determinadas agrupaciones y el contexto represivo posterior al golpe de Estado.
La propia Universidad Nacional de La Plata reconoce que los jóvenes tenían militancia política y que las movilizaciones por el boleto habían ocurrido un año antes de los secuestros.
Cuatro sobrevivientes, no uno
Otro aspecto que suele aparecer simplificado en las versiones más difundidas es el número de sobrevivientes.
Durante mucho tiempo, la figura pública de Pablo Díaz quedó especialmente asociada al episodio. Sin embargo, fueron cuatro los sobrevivientes: Díaz, Moler, Calotti y Miranda.
Los otros seis jóvenes, Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, María Clara Ciocchini, Horacio Ungaro, Daniel Racero y Claudio de Acha, permanecen desaparecidos. Las investigaciones históricas y judiciales reconstruyeron parte de sus recorridos por centros clandestinos de detención, pero sus restos no fueron recuperados.
Una historia atravesada por la represión estatal
La militancia política de los estudiantes constituye una parte documentada de la historia, pero no debe confundirse con una justificación de su secuestro.
La última dictadura implementó un sistema clandestino de persecución, secuestro, tortura y desaparición de personas. En ese contexto fueron víctimas tanto militantes políticos como personas perseguidas por distintos motivos, y los organismos de derechos humanos documentaron miles de casos.
La Noche de los Lápices quedó incorporada a esa historia general de la represión estatal.
La UBA señala que los estudiantes fueron secuestrados por fuerzas combinadas de inteligencia militar y de la Policía Bonaerense, y que seis permanecen desaparecidos.
La discusión sobre la memoria
A cinco décadas de los hechos, el debate ya no se limita a establecer si los jóvenes militaban o si habían participado de las protestas por el boleto. Ambos elementos forman parte de la reconstrucción histórica.
El desafío consiste en evitar dos simplificaciones opuestas: presentar a los estudiantes únicamente como jóvenes desvinculados de la militancia política o, en el extremo contrario, utilizar esa militancia para relativizar los crímenes cometidos contra ellos.
Los documentos y testimonios disponibles muestran que eran jóvenes estudiantes con participación política en organizaciones de la época, y que fueron secuestrados en el marco de la represión estatal desplegada durante la dictadura.
La discusión sobre cómo contar aquellos acontecimientos continúa vigente. Incorporar la militancia política de los protagonistas permite ampliar la mirada sobre la Noche de los Lápices, siempre diferenciando el análisis de las organizaciones y del contexto político de la responsabilidad estatal por los secuestros, torturas y desapariciones.
El episodio, además, continúa formando parte de la memoria pública argentina. El 16 de septiembre fue establecido como Día de los Derechos del Estudiante Secundario y la fecha es recordada en instituciones educativas de todo el país.
Fuente: Liber Pampa


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