La solitaria y penosa muerte de Manuel Belgrano: el prócer que dio su fortuna por la Patria y falleció en el olvido
El 20 de junio de 1820, en la más absoluta pobreza y rodeado apenas por su médico, moría el creador de la bandera argentina. Sus últimas palabras fueron para su Patria. Solo un periódico de Buenos Aires registró el hecho.
La noche del 19 de junio de 1820, la última de Manuel Belgrano en este mundo, la fiebre se lo llevó por un momento al terreno de los recuerdos. Aquel sol de Rosario, las baterías del Paraná y la bandera con los colores del cielo ondeando a orillas de aquel majestuoso río. El éxodo jujeño, esa heroica retirada estratégica liderada por él, las caras hermosas y dignas de los changuitos jujeños. La gloria de Tucumán, cuando desobedeciendo la orden del Primer Triunvirato de replegarse a Córdoba, organizó a sus tropas y derrotó al ejército realista. El amor de la joven tucumana María Dolores Helguera, su querida hijita Manuela Mónica. El triunfo de Salta y ese sabor de la justicia que tanto le costó degustar después.
Trataba de evitar en aquel recorrido febril los malos tragos, los traidores, los ingratos y todos esos personajes que él mismo había definido como «partidarios de sí mismos». La tos y un ahogo convulsivo lo trajeron de vuelta a aquel helado anteúltimo día del otoño porteño.
Estaba en la pobreza absoluta porque había donado toda su fortuna a la causa de la independencia, a su Patria.
En su lecho de muerte, el 19 de junio de 1820, Manuel Belgrano le entregó su reloj de bolsillo de oro que le habían obsequiado a su médico, el escocés Joseph Redhead, como pago por sus servicios. El prócer había donado toda su fortuna a la causa de la independencia y murió en la pobreza absoluta. El médico aceptó el reloj como un gesto de gratitud, aunque por mucho tiempo no le había cobrado honorarios por atenderlo.
Sus últimas palabras
La noche fue agitada y a las 7 de la mañana del 20 de junio de 1820, sin que nadie lo notara, moría Manuel Belgrano. Alcanzó a decir unas últimas palabras: «Yo espero que los buenos ciudadanos de esta tierra trabajarán para remediar sus desgracias. Ay, Patria mía».
Solo un periódico de Buenos Aires, El Despertador Teofilantrópico, dirigido por el padre Castañeda, dio cuenta de lo ocurrido: «Es un deshonor a nuestro suelo, es una ingratitud que clama el cielo, el triste funeral, pobre y sombrío que se hizo en una iglesia junto al río, al ciudadano ilustre general Manuel Belgrano».
La muerte de un gran hombre, de un prócer honesto, desinteresado, de un patriota que amó a su Patria y luchó por ella, que murió en la pobreza porque donó toda su fortuna, pasó desapercibida, ignorada. Un destino cruel para quien hoy, 206 años después, es recordado como uno de los padres de la Nación argentina. #ElCreadorDeLaBanderaArgentina


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