¿Ser mujer obliga a defender a otra mujer?

La sororidad no puede convertirse en una obligación de callar

Soy mujer. Soy periodista. Y creo en la defensa de los derechos de las mujeres. Pero hay algo que tengo cada vez más claro: defender a las mujeres no significa defender cualquier conducta simplemente porque quien la protagoniza es una mujer.

Esta reflexión nace de una situación que me tocó vivir.

Una secretaria de un colegio parroquial cuestionó públicamente una publicación realizada por el medio donde trabajo. Me llamó “pseudo periodista”, dijo que yo estaba mal, que debía hacerme ver y que todo lo hacía por envidia a una mujer que ella decía ser una secretaria, pero que en realidad sería su propia hermana.

En lugar de responderle públicamente, decidí hablar personalmente con ella, delante de las autoridades del colegio, justamente para que quedara constancia de lo que se dijera y evitar cualquier interpretación posterior. Pensé que el encuentro serviría para aclarar las diferencias. No fue así.

Lejos de explicar algo, los cuestionamientos continuaron y la situación se puso muy tensa. Incluso llegó a increparme con toqueteos en el cuerpo, intentando sacar lo peor de mí, pero no lo logró. Al contrario, la situación se le volvió en contra: no pudo refutar nada, y su actitud fue bastante indigna para una persona que trabaja en un colegio privado. Intentó pedir disculpas en tono sarcástico, como si se enfatizara mezclar la realidad con la ironía, y en un momento repetía a los gritos: “¡Denunciame en la Justicia!”.

Pero hubo una frase que, más allá del conflicto puntual, me dejó pensando. Me planteó que si yo defendía a las mujeres, entonces por qué había publicado el video en el que aparecía esa mujer.

Y ahí está la cuestión. ¿Defender a las mujeres significa no publicar nunca algo que pueda incomodar a otra mujer?

No lo creo. Una periodista mujer no tiene la obligación de proteger a otra mujer de una información periodística simplemente por una cuestión de género. La perspectiva de género no debería convertirse en una obligación de pensar igual. Mucho menos en una herramienta para exigir silencio.

Y no es el único caso. Estoy viviendo algo muy parecido con otra investigación: simplemente porque se trataría de una mujer involucrada en hechos irregulares, también me cuestionan y me atacan por querer informar.

Como si por ser mujer tuviera que callar estafas, engaños, irregularidades o cualquier hecho delictivo. Como si tuviera que creer que todas somos buenas por naturaleza, aunque algunas se hagan pasar por caritas inocentes mientras mienten.

Pero la verdad es otra: el género no discierne entre lo bueno y lo malo. Una mujer puede sufrir, y también puede engañar, robar o delinquir. Y mi deber como periodista no es proteger a nadie por ser mujer: es informar la verdad.

Una mujer puede ser periodista y otra puede ser funcionaria, profesional, dirigente, empleada o simplemente protagonista de un hecho que merece ser contado. Y la periodista tiene derecho a informar, siempre dentro de los límites que establece la ley y con responsabilidad profesional.

También una mujer tiene derecho a cuestionar una publicación, pedir explicaciones, ejercer su derecho a réplica o acudir a la Justicia si considera que sus derechos fueron vulnerados. Pero una cosa es cuestionar una noticia y otra muy distinta es descalificar personalmente a quien la publica.

La sororidad no puede significar impunidad. Tampoco puede significar que una mujer deba defender a otra solamente porque ambas son mujeres.

Creo en la solidaridad entre nosotras. Creo que debemos acompañarnos cuando sufrimos violencia, discriminación o injusticias. Pero también creo que tenemos derecho a disentir, a cuestionarnos y hasta a decirnos que estamos equivocadas. Eso también es libertad.

Por eso, después de esta experiencia, me quedo con una pregunta que considero necesario hacerse: ¿Tenemos que defendernos siempre entre mujeres o tenemos que defender nuestros derechos, independientemente de quién sea la persona que tengamos enfrente?

Mi respuesta es clara. No quiero que me defiendan porque soy mujer. Quiero que me respeten porque soy persona y porque ejerzo una profesión.

Y tampoco quiero tener que dejar de informar sobre una mujer para demostrar que defiendo a las mujeres. Porque la verdadera igualdad no consiste en que las mujeres nos protejamos unas a otras de cualquier cuestionamiento. Consiste en que podamos hablar, informar, disentir y reclamar sin atacarnos ni exigirnos silencio.

Y quizás eso también sea sororidad.

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