¿Las altas tasas impulsan la morosidad —o la mora es récord por los intereses? Expertos desentrañan la relación causa-efecto en el sistema crediticio

Con tasas de crédito que superan el 300% anual en algunos casos y morosidad que llega al 27% en billeteras virtuales, el mercado financiero argentino enfrenta una tensión sin precedentes desde 2019. Analistas coinciden: no se trata de una relación unidireccional, sino de un círculo vicioso donde bancos y clientes se retroalimentan y donde el riesgo crediticio, más que la tasa en sí, define la sostenibilidad del sistema.

El sistema financiero argentino registra niveles de estrés inéditos desde la crisis de 2019. En el universo de los créditos personales, la Tasa Nominal Anual (TNA) promedio oscila entre el 115% y el 120%, lo que implica un Costo Financiero Total (CFT) que supera ampliamente el 200% anual y alcanza hasta el 300% en ciertas aplicaciones fintech. Estos valores contrastan fuertemente con la tasa de política monetaria (28% TNA) y las tasas pasivas ofrecidas a depositantes (23% TNA), ambas más cercanas a la inflación estimada para 2026 (≈30%).

En paralelo, la morosidad muestra cifras alarmantes: en el sistema bancario ronda el 9% de la cartera, mientras que en algunas billeteras virtuales alcanza el 27%. En el segmento fintech —donde operan más de 6 millones de deudores, la mitad de ellos informales— uno de cada cuatro prestatarios (25%) ya se encuentra en situación de mora.

Para José Bano, economista y analista financiero, la dinámica no es lineal: “Los dos efectos se potencian. Del lado de los bancos, si buscan recuperar el total de la cartera, cuando hay muchos incobrables, los clientes que pagan terminan cubriendo a los que no lo hacen. Eso explica por qué los créditos con garantía tienen tasas mucho más bajas que los préstamos sin respaldo”. Y agrega: “Desde el lado de los clientes, es esperable que cuanto más alta es la cuota, más difícil resulte repagar el crédito. Si la cuota fuera más baja, más gente podría cumplir”.

Javier Dicristo, gerente de Inversiones de Banco Meridian, introduce un matiz clave: “La morosidad no siempre está atada a tasas altas. El interés depende del segmento al que se presta: a mayor riesgo, mayores tasas; en segmentos de ingresos altos (ABC1), las tasas son más bajas porque la incobrabilidad es menor”. Su análisis subraya que el factor determinante no es tanto el nivel absoluto de la tasa, sino su alineación con la capacidad de pago real del cliente —una variable profundamente afectada por la informalidad laboral, la volatilidad salarial y la falta de historial crediticio.

En este escenario, los expertos advierten que políticas focalizadas como la segmentación por riesgo, la exigencia de garantías reales y la mejora de la inclusión financiera con herramientas de evaluación alternativas resultan más efectivas que una mera regulación de tasas. Porque, como señalan ambos analistas, el verdadero desafío no es reducir los números, sino reconstruir la confianza mutua entre prestamista y prestatario. #RelaciónDeMorosidadYTasasDeInterés

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