Herpes: cómo se contagia, por qué se reactiva y qué hacer para prevenir los brotes

El virus, que no solo afecta los labios sino también los ojos, la piel y la zona genital, permanece en el organismo toda la vida. Especialistas explican qué desencadena los episodios y cómo reducir el riesgo de que reaparezcan.

El herpes es una de las infecciones virales más frecuentes del mundo y, aunque muchas personas lo asocian únicamente con el herpes labial o genital, existen distintos tipos que pueden afectar diferentes zonas del cuerpo, incluidos los ojos. Una de sus características más particulares es que, una vez que el virus ingresa al organismo, permanece allí de forma latente durante toda la vida y puede reactivarse en determinadas circunstancias, incluso años después de la primera infección.

Por qué aparece el herpes y qué desencadena los brotes

Los virus más comunes son el herpes simple tipo 1 (HSV-1), responsable principalmente del herpes labial y de muchas infecciones oculares, y el herpes simple tipo 2 (HSV-2), que suele provocar herpes genital, aunque ambos pueden afectar cualquiera de las dos zonas.

La infección se transmite por contacto directo con una persona infectada, especialmente cuando existen lesiones activas, aunque también puede contagiarse aun cuando no haya síntomas visibles. Después del primer contacto, el virus permanece «dormido» en los ganglios nerviosos y puede reactivarse cuando disminuyen las defensas o aparecen ciertos desencadenantes.

Entre los factores que más favorecen un nuevo brote se encuentran el estrés físico o emocional, la fiebre o algunas infecciones, la exposición intensa al sol, la falta de descanso, los cambios hormonales, los traumatismos o cirugías en la zona afectada, y los tratamientos que debilitan el sistema inmunológico. En muchas personas los brotes son esporádicos, mientras que en otras pueden repetirse varias veces al año.

Cuando el herpes afecta los ojos

Aunque es menos conocido, el virus también puede comprometer los párpados, la conjuntiva y, sobre todo, la córnea. En estos casos se habla de herpes ocular, una de las principales causas infecciosas de ceguera corneal en el mundo.

Los síntomas pueden incluir enrojecimiento, dolor, lagrimeo intenso, sensibilidad a la luz, visión borrosa, sensación de cuerpo extraño y la aparición de pequeñas ampollas o costras en los párpados. Ante cualquiera de estos signos, los especialistas recomiendan consultar rápidamente con un oftalmólogo y evitar la automedicación, especialmente con gotas que contengan corticoides, ya que pueden agravar la infección si no están indicadas correctamente.

¿Se puede prevenir?

Actualmente no existe una cura definitiva que elimine el virus del organismo, pero sí hay tratamientos que reducen la duración de los brotes, alivian los síntomas y disminuyen el riesgo de complicaciones. Para evitar nuevos episodios, los especialistas recomiendan:

  • Evitar tocar las lesiones y lavarse bien las manos en caso de haberlo hecho.
  • No compartir vasos, cubiertos, toallas, maquillaje ni elementos de higiene personal durante un brote.
  • Usar protector solar en los labios y el rostro si la exposición al sol suele desencadenar recurrencias.
  • Mantener hábitos saludables que fortalezcan las defensas, como dormir bien, alimentarse de forma equilibrada y controlar el estrés.
  • Usar preservativo para reducir el riesgo de transmisión del herpes genital, aunque no elimina por completo la posibilidad de contagio.

Si bien convivir con el virus puede generar preocupación, la mayoría de las personas lleva una vida completamente normal. Lo importante es reconocer los síntomas, consultar a tiempo y seguir el tratamiento indicado por el profesional de la salud, especialmente cuando el herpes aparece cerca de los ojos o compromete la visión.

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