El “IPC sin carne”: el factor sorpresivo que podría acelerar la desinflación y jugar a favor de Caputo
La desaceleración en los precios de la carne vacuna principal componente distorsivo de la canasta alimentaria empieza a reflejarse en los indicadores. Economistas oficiales ya proponen analizar un índice alternativo que dejaría la inflación de marzo en 2,5%, muy por debajo del 3,4% oficial. Un cambio metodológico postergado por años vuelve al centro del debate.
El sueño de los economistas cercanos al Gobierno está cada vez más cerca de hacerse realidad: el Índice de Precios al Consumidor (IPC) “sin carne vacuna” podría comenzar a funcionar de facto. No como una nueva estadística oficial, sino como una lectura realista de lo que sucede tras el freno en los precios de uno de los rubros más influyentes y controvertidos de la canasta básica.
Desde diciembre hasta marzo, los bruscos aumentos de la carne fueron un factor clave en los altos índices inflacionarios. En ese lapso, el precio del corte más consumido acumuló un alza del 28%, con subas mensuales que oscilaron entre el 4,4% y el 7,3%. Para encontrar cifras similares hay que remontarse a la crisis de finales de 2023.
Lo irónico es que esa distorsión no responde únicamente a presiones de mercado, sino también a una decisión técnica mantenida por el Ministerio de Economía: la persistencia de una ponderación obsoleta para la carne vacuna en el IPC. Según datos oficiales, aún se le asigna la misma incidencia en el presupuesto familiar que en 2004, cuando el consumo per cápita era de 63,9 kilos anuales. Hoy, ese número cayó a 49,9 kilos un 35% menos , pero la metodología del Indec no se actualizó.
Esa inercia metodológica hizo que el rubro “carne y derivados” tuviera una incidencia desproporcionada: en marzo marcó un aumento del 6,9%, tras subir 7,2% en febrero, 4,4% en enero y 7,3% en diciembre. Si el índice hubiese incorporado una ponderación actualizada, la presión sobre el IPC general habría sido notablemente menor.
Es por eso que asesores como Antonio Aracre, economista afín al Gobierno, propusieron públicamente el análisis del “IPC sin carne”. Su cálculo sitúa la inflación de marzo en 2,5%, casi un punto por debajo del dato oficial (3,4%). Una diferencia que no es menor: representa una brecha del 26% entre lo que mide el índice y lo que reflejaría una economía menos afectada por factores transitorios.
Esta no es una idea nueva. En los años ’70, el INDEC publicaba dos versiones oficiales del IPC: una con y otra sin carne. La justificación entonces y hoy es la misma: los saltos en el precio de la carne responden a fenómenos coyunturales (sequías, restricciones exportadoras, cambios en la oferta ganadera), no a una presión generalizada de demanda o monetaria. Por eso, su impacto se considera distorsivo, no estructural.
Ahora, los números empiezan a señalar un cambio de fase. Las últimas mediciones muestran una desaceleración en la trayectoria alcista del precio de la carne. Pero queda pendiente una pregunta clave: ¿es este freno el comienzo de una estabilidad sostenida… o solo una pausa antes de una nueva escalada? Mientras tanto, el “IPC sin carne” dejó de ser una curiosidad técnica para convertirse. #ElFactorQuiePuedeBajarLaInflación


Los comentarios están cerrados.