Alan Villouta tenía 21 años. Lo mató un millonario en un porsche a 160 Km/h la justicia la absolvió
Alejandro Verdenelli atropelló y mató al joven que salía de trabajar. Se fugó, lavó su auto y se presentó días después. La causa prescribió por la demora judicial. La familia lleva 9 años reclamando justicia y hoy recibió la peor respuesta.
Eran las 3 de la mañana. Alan Villouta, de apenas 21 años, cruzaba el Acceso Sur de Mendoza saliendo de su trabajo. En ese momento, Alejandro Verdenelli conducía su Porsche Cayenne a unos 160 kilómetros por hora, bajo los efectos del alcohol, y lo arrolló. El impacto fue tan brutal que la pilona quedó hecha pedazos. Alan murió en el acto.
¿Qué hizo el empresario? No auxilió. No avisó. Se fugó. Volvió a su casa, se acostó a dormir y lavó el auto para borrar huellas. Recién se presentó ante la justicia tres días después, cuando ya no había rastro de alcohol en su cuerpo.
Nueve años de lucha, y una respuesta que da asco
Durante nueve años, los padres de Alan recorrieron pasillos judiciales, pidieron justicia, exigieron que se tratara el caso como lo que era: muerte culposa con agravantes por exceso de velocidad, conducción ebria y omisión de auxilio. La causa fue condenada en primera instancia, pero quedó estancada años en la Suprema Corte de Justicia de Mendoza.
Y hoy, la noticia que destruyó lo poco que les quedaba: la causa prescribió. Por la demora del Poder Judicial, por los plazos que se vencieron, por la inacción que benefició al poderoso. Alejandro Verdenelli fue sobreseído. Quedó absuelto. Sin condena. Sin inhabilitación. Como si no hubiera matado a nadie.
💔 El homenaje a Alan y a sus padre
«Alan tenía toda la vida por delante. Su padre y su madre le entregaron la suya pidiendo justicia. Hoy se enteraron de que la plata puede más que la vida de un pibe de 21 años.»
Esto no puede quedar así. No puede ser que en nuestra tierra la Justicia funcione distinto según con qué auto andes o cuánto tengas. Alan Villouta merece justicia. Su padre merece que no lo hayan destruido en vano. Y nosotros tenemos que trabajar para que ningún mendocino, ninguna familia, tenga que pasar por lo que ellos pasaron.
La pregunta que queda en el aire
«¿Qué hubiera pasado si el que mataba era un obrero en una vieja camioneta? ¿También prescribía? ¿También lo dejaban ir como si nada?»
La diferencia no está en el hecho. Está en quién lo comete. Y eso es lo que hay que cambiar. Por Alan. Por su padre. Por todos los que vienen.

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