La mora bancaria de las familias se mantuvo en 12,8% y cortó una racha de 19 meses en alza

Tras 19 meses consecutivos de subas, la irregularidad del crédito a los hogares se estabilizó en junio y quedó en 12,8%, según el último Informe sobre Bancos del BCRA. Aunque el freno marca un respiro, la morosidad todavía supera más del doble el nivel registrado un año atrás.

La mora bancaria de las familias encontró un techo en junio después de más de un año y medio de aumentos consecutivos. Según el último Informe sobre Bancos publicado por el Banco Central de la República Argentina (BCRA), el indicador de irregularidad del crédito a los hogares se mantuvo estable y quedó en 12,8%, cortando una racha de 19 meses en alza.

El dato refleja un freno en el deterioro de la calidad del crédito, aunque el nivel de morosidad continúa muy por encima del registrado un año atrás: en junio de 2025 era de 5,2%, por lo que más que se duplicó en términos interanuales. A nivel general, la irregularidad del crédito al sector privado también mostró una leve mejora y descendió hasta 7,6%.

De acuerdo con el informe oficial, la evolución fue dispar entre las distintas líneas de financiamiento. Uno de los principales factores que ayudó a contener el promedio fue el comportamiento de las tarjetas de crédito, que registraron una baja en su nivel de irregularidad durante el mes. En cambio, los préstamos personales y los créditos prendarios mostraron un incremento, mientras que en el caso de los hipotecarios el BCRA no detectó cambios significativos.

En los préstamos personales la cifra volvió a marcar un nuevo récord, al trepar desde el 15,9% al 16,4%. «El indicador de mora de las financiaciones a las familias se situó en 12,8%, con desempeños heterogéneos entre las asistencias crediticias», señaló la autoridad monetaria.

El BCRA explicó que la estabilidad respondió principalmente a dos factores: una desaceleración en el crecimiento real de la cartera irregular y un aumento real del financiamiento total, en parte derivado del envío a irrecuperables de deudores que hasta mayo estaban en situación irregular.

El debate sobre la intervención del Estado. En este contexto, los especialistas analizan cuál podría ser la respuesta ante el deterioro. Para Gustavo Gardey, especialista en Mercado de Capitales y cofundador de Bull Road Investments, el problema deja de ser exclusivamente privado cuando comienza a afectar transversalmente al sistema financiero, rompe la cadena de pagos y amenaza el funcionamiento de la economía real. El punto más delicado, señaló, aparece cuando el deterioro rompe la confianza de los depositantes y dispara una corrida bancaria.

Federico Glustein, economista, agrega que estas crisis comprometen el funcionamiento del sistema económico en su conjunto y que la intervención del Estado no busca salvar a un banco, sino evitar el colapso de la economía real, al citar experiencias como las crisis internacionales de 2008 y 2011 y la argentina de 2001.

Según Econviews, la Argentina habría atravesado ya la primera frontera: la mora todavía no es sistémica ni provocó una corrida, pero dejó de ser exclusivamente privada porque ya genera consecuencias sobre el consumo y endurece las condiciones de otorgamiento de crédito.

La diferencia, principalmente de énfasis. Gardey considera que la respuesta no debería ser un salvataje directo sino una intervención indirecta mediante cambios impositivos, monetarios y regulatorios que flexibilicen las condiciones para refinanciar. Econviews coincide en que no sería razonable que los contribuyentes terminen pagando los excesos de endeudamiento, pero sostiene que el Estado sí debería facilitar la renegociación de deudas. Glustein, en cambio, pone el acento en la responsabilidad preventiva y advierte que el Estado debe actuar como regulador y establecer límites para evitar que los desequilibrios se acumulen. «Se necesita de los Estados participando de forma activa, ya sea como jugador de última instancia o como actor contralor», afirmó.

COMENTARIOS

Los comentarios están cerrados.