Trolls, cobardía, y violencia digital: Cuando el ataque viene desde la sombra

El troll no es un personaje de ficción. Es una persona real. Se esconde detrás de una pantalla, abre perfiles falsos, escribe comentarios agresivos y desaparece cuando se le pide que dé la cara.

Esa es su estrategia: no mostrarse, no presentar pruebas, no debatir. Solo atacar desde la oscuridad para dañar, intimidar y desprestigiar.

Una de las formas más comunes de hacerlo es reducir el trabajo de una mujer a una etiqueta ajena, para así ignorar todo lo que hace. Sucede que llaman “locutora” a quien es periodista, como si fuera lo mismo. Pero hay una diferencia que debe quedar claramente marcada: ser periodista no es lo mismo que ser locutora. La locución puede formar parte del trabajo, pero el periodismo es investigación, contraste de fuentes, rigor, riesgo y responsabilidad. Llamar a una periodista “locutora” para desprestigiarla no es más que una estrategia para desviar la atención de la verdad.

Pero esto no es solo un problema de una persona. Es un problema de todas las mujeres que se atreven a hablar.

Hay mujeres que denuncian grooming.

Hay mujeres que luchan contra la pedofilia.

Hay mujeres que buscan a sus hijos.

Hay mujeres que investigan corrupción.

Hay mujeres que se niegan a callarse. Y casi siempre terminan enfrentando lo mismo: ataques anónimos, difamaciones, campañas de desprestigio y violencia digital.

Y lo más grave no es el comentario en sí. Lo más grave es que muchos consideran que esto es “normal”, que es “cosa de redes” o que es “parte del trabajo”. No lo es.

La violencia digital es violencia. La persecución en redes es persecución. Y quien ataca a una mujer desde un perfil falso no es un “crítico”. Es un cobarde.

Porque la cobardía no se ve solo al escribir. Se ve también al borrar.

Borrar los comentarios no borra lo que se dijo. No borra la intención de dañar. No borra la prueba de que se atacó desde la sombra. Al contrario: demuestra que quien escribió sabía que se pasó de la raya. Demuestra que teme ser identificado. Demuestra que no se atreve a sostener lo que dijo cara a cara.

«Borrar los comentarios no borra la verdad. Solo demuestra que sabían que se pasaron de la raya.»

Existen capturas. Existen registros. Existen formas de reconstruir lo que ocurrió. Y en muchos casos, aunque se borren los mensajes, es posible llegar a descubrir quiénes están detrás de ese teléfono, de esa computadora y de ese perfil falso.

Estos ataques no detienen a nadie. Solo demuestran que se está tocando donde duele.

Quienes creen que pueden silenciar a una mujer que dice la verdad se equivocan. La libertad de expresión no se defiende solo con palabras. Se defiende publicando, preguntando y volviendo a decir lo que otros quieren callar.

Si alguien tiene algo que decir, que lo diga de frente. Si tiene pruebas, que las presente. Si tiene miedo, que no ataque. Porque quien se esconde detrás de una pantalla para hacer daño no es un rival. Es solo una sombra que intenta tapar la verdad.

«Si tiene miedo, que no ataque. La verdad no se puede borrar.»

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